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Quince minutos de fantasía a bordo del ‘superavión’ gringo

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Un cuarto de hora puede demorar tanto como se viva o se sufra el momento. El disgusto lo prolonga mientras el placer lo hace efímero. Esto último fue lo que experimentaron dos jóvenes costeños cuando el avión de carga más grande de Estados Unidos aterrizó el sábado en la tarde en el aeropuerto Ernesto Cortissoz.

El C-5 Galaxy estuvo en la pista del terminal aéreo barranquillero durante 2 horas y 55 minutos y llegó con diez tripulantes, según informó el gerente del Cortissoz, Álvaro González.

La vida de Nathali Aragón López ha estado ligada a las aeronaves. A sus 20 años, recuerda con cariño la época en que observaba a su padre desempeñarse como bombero aeronáutico. Sin embargo, esa pasión no la heredó solamente por el progenitor, pues su mamá y abuelo también dedicaron años de sus vidas a oficios afines.

Los aviones grandes, como el C-5 Galaxy, son su mayor debilidad. Hace un año se desempeña como operadora aérea de Caribbean Support & Flight Services y afirma que nunca había sentido tanta emoción.

El recorrido al interior del avión estuvo encabezado por tres de sus tripulantes, quienes cumplieron con agrado su labor de ‘anfitriones’. Nathali se dirigió a ellos en inglés, pero respondieron en español y propiciaron un ambiente más jovial.

La joven cuenta que el primer nivel de la aeronave es una bodega destinada únicamente a la carga. En el segundo están la cabina, el dormitorio de la tripulación, un baño y una cocina.

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Pese a que no pudo conocer todos los instrumentos que componen el C-5 porque el tiempo se agotó, Aragón expresa que vivió una experiencia fenomenal. “Siempre he sentido algo por los aviones, tanto que me dan ganas de abrazarlos”, comenta entre risas.

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A bordo del avión vivió 15 minutos memorables. Para ella, de los mejores que ha tenido en su existencia. Lo único que lamenta es que hayan transcurrido “tan rápido” porque, en ese momento, lo que menos quería era bajarse del titán aéreo.

Ocurre lo inesperado. Ricardo Ruiz Arrieta llegó hace un año a Barranquilla, proveniente de su natal San Marcos (Sucre), con la idea de compartir vacaciones con su hermano. Sin embargo, una oportunidad laboral como auxiliar de construcción lo indujo a permanecer en la capital del Atlántico.

En la actualidad se desempeña como ayudante de mantenimiento en el aeropuerto de carga y su afición por las aeronaves –sumado a una pizca de oportunismo- le permitió conocer el interior del imponente avión.

“Cuando lo vi en la pista, me emocioné porque es un avión que no había visto nunca. Su cabina tiene unos equipos impresionantes”, afirma con voz emocionada.

Por ese motivo, no duda en asegurar que haber venido a Barranquilla ha sido un acierto por las experiencias que ha vivido en la ciudad. Hasta hace algunos meses no tenía ninguna clase de conocimiento sobre naves aéreas y aquí ha aprendido, poco a poco, detalles asociados a la aviación.

Si Ricardo tuviera la oportunidad de volver a subir al C-5 Galaxy, no lo pensaría dos veces. Razón no le falta al sostener que son pocas las personas que tienen la oportunidad de estar a bordo de un avión de semejante magnitud.

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